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Dirán
que la participación ha sido baja, aunque ese dato no les importó cuando con
una participación similar ganaron las elecciones en 2004. Dirán que los datos no son extrapolables,
como si ello convenciera a alguien de algo.
Pero al final, por esa magia potagia de la política y de los políticos
socialistas, dirán que todo fue culpa de Franco, o de Aznar y Bush, que en
comandita, buscaron la ruina de Granada y alentaron la abstención.
Ellos
seguirán con su memoria histórica, clamando por unas manos alzadas al viento en
Bibataubín y por las medallas de Franco en Granada. Buscarán con qué seguir entreteniendo a los
más fanáticos, para que no se les corte el chorro de la ilusión por defender a
su rosa metida en un puño. Bramarán
contra Pepe Torres cada vez que alce su voz requiriendo lo mejor para la ciudad
que le da el mando, especialmente si la reivindicación va dirigida a la Junta de Andalucía que
controlan sin empacho, o contra la hipócrita sonrisa del “pensamiento Alicia”
zapateril.
Seguirán
inmiscuidos en sus insultos continuos hacia el centro derecha cada vez que haya
una campaña; nos llamarán fascistas, pedófilos, curófilos y arzobispófilos.
Vivirán como nunca cualquier desliz de “Ánsar”
y su recreada foto en Las Azores y lo explotarán como nadie lo hace, con la
ayuda de los medios amigos, la última treta que imaginen en Torre de la Pólvora para desgastar al
PP enemigo, ese que se asoma sin parar al poder provincial, y que ya les tiene
el aliento en el cogote de sus engreídos poderes.
Seguirán
así, aunque el pueblo les diga que no traga.
Que ya está bien de tanta insultante manera de hacer campaña contra el
otro y no a favor de uno mismo, buscando en el baúl de los negros recuerdos, y
no empaquetando ideas para un futuro espléndido. Seguirán así, y el pueblo les volverá a decir
que quieren a un alcalde que vele por los intereses de los granadinos, no sólo
por los de su partido.
Seguirán
con su tesón posguerracivilista y el pueblo les volverá a poner de patitas en
la calle, al ritmo frenético de los casi 16.000 votos de diferencia en la
capital. Y perserverarán manteniendo a
la “Granada quieta” en el quicio del
subdesarrollo, y la provincia les irá dejando de lado, tanto como en estas
elecciones europeas ha dicho alto y claro, bajándolos de trece a tan solo
cuatro puntos de diferencia. Pero
tampoco valdrá la lección. Dirán que la
alta abstención no hace homologables los resultados. Y seguirán de
conservadores de lo suyo. Hasta que el pueblo lo mande.
Sindicación
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