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Las
convocatorias del PP a la sociedad granadina para arrimar el hombro, han
supuesto un disparo continuo al hombre convocante. Ni fueron a decir lo que quisieran a la
reunión del Área Metropolitana que promovió Pepe Torres, ni tampoco han ido a
decir lo que les de la gana a la reunión del Pacto del Saray. O sea, que el consenso sólo es posible si lo
manda el PSOE, de lo contrario, el PP crispa. Olé tus decisiones.
Tanto
pedir, tanto pedir, para luego huir; les han pillado con la mentira hipócrita
de su discurso vacuo, y sin nada más que ofrecer. Al PSOE se le acaban las balas del victimismo
consensual, que tan bien han ejercido hasta ahora. Sus peticiones constantes al acuerdo no eran
sino solicitudes de aquiescencia, proselitismo puro, que no menoscabasen la
línea oficial de prioridades exigibles.
No aceptan el disenso como arma política, eso no es de su mundo.
En
el socialismo andaluz, con el apoyo del comunismo según, se intenta manifestar
una superioridad moral e ideológica sobre todas las cosas que exigen debate,
que es lo menos plural que uno haya visto en política. De tal forma que si el PP es el órgano
convocante de la parte contratante, se obvía la otra parte para dar a entender
que la parte contratante es la convocante de manera crispante. Perdónenme, pero acudir a Marx es lo mejor
que se me ha ocurrido para explicarme.
En
Andalucía, y en Granada también, es extremadamente intimidatorio para el
régimen decir lo contrario de lo que piensa la línea oficial. No es posible
decir algo ajeno al dogma de la dinastía socialí,
sin que el autor del desvarío no salga con varios insultos a la espalda,
incluso con algunas amenazas. Si Sevilla
llama a fusión, todos a una. Si Sevilla
llama a silencios varios sobre Caja Jaén y su giro hacia Málaga, chitón. Si han decidido allí que sean malagueñas y
sevillanas las dos patas de la gran caja andaluza, los que pensemos en Granada
para liderar algo, somos catetos y provincianos. Olé tus decisiones.
El
día que los socialistas pierdan el poder, y se les pase el ataque de nervios,
veremos la deserción abundante y el “ya lo dije” de los que hoy callan y
adulan, porque el poder les tiene sometidos a la disciplina partidaria. Hasta entonces tendremos que seguir escuchando
sus silencios. La disciplina, es lo que
tiene.
Sindicación
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