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No
me negarán ustedes que la envidia no es un deseo palpable, en estos días en los
que hemos visto a los políticos, de la España que gobierna y de la que hace oposición,
ir de la mano a Copenhague, asidas con fuerza, a defender la bondad de Madrid
como ciudad olímpica. Para el evento, ha
habido pasta por un tubo, o quizá por dos tubos, ya que la ocasión lo ha
requerido. Y la de obras que se han hecho, hechas están, a pesar de que los
Juegos no van a venir a Madrid, al menos en la próxima década.
Contrasta
esto, y de ahí mi envidia, con la racanería gubernamental con el evento de
eventos que nos anunció Chaves, y que no presupuesta Zapatero. Hemos perdido
algunos meses ya, (y los que nos quedan por perder) y vemos que el humo socialista
ha cegado nuestros ojos hasta ahora, y los que nos creímos la seriedad del
anuncio de Chaves, no tenemos más remedio que tirar de videoteca, o de agravioteca, de mentiroteca o de promesoteca,
para comprobar el nivel de impunidad con el que algunos cobran sus mentiras.
Ser
granadino del Milenio hoy, es una pasión virtual, enfundada en nuestra malafollá típica. Escondidos en la galantería
prometida pero inventada, observamos cómo los demás avanzan, progresan, con
presupuestos o incluso sin ellos, y nosotros, con el chavico, la perrilla, y
con la propina con que Zapatero y su gobierno, garantizan que Granada siga
siendo una de las últimas provincias de España en desarrollo integral. Y como novedad
anual, los socialistas gobernantes nos aportan lo que se llamaría un olímpico pasoteo, que no es ni más ni
menos que la mofa presupuestaria de José Luis, su guitarra, y la de sus
elegidos ministros con el Milenio de Granada.
Faltaban
páginas en los diarios para escribir con engrandecimientos varios, las loas de aquella
oferta electoral chavesiana. Hoy, sobran las mismas páginas, aunque falta pudor
para decir que, a un ex rector como David Aguilar, no se le puede hacer una
faena como ésta: nombrarlo y olvidarlo.
En el rincón del olvido se quedó marchita su ilusión. Y la nuestra con
él. Esperemos que el Segundo Milenio, que yo no veré, venga más acaudalado que
éste. Porque de promesas incumplidas aún
seguiremos teniendo raciones a espuertas.
Sindicación
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