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Una
de las consecuencias positivas de la crisis es la lección diaria de economía a
la que nos someten los medios de comunicación.
Los términos en los que se manejan los especialistas y la cotidianeidad
de sus comentarios, ha hecho que todos los ciudadanos, en potencial modo, estemos
siendo lectivos alumnos de tan especializada ciencia y amanezcamos cada mañana,
abrumados por la terminología práctica y técnica de la misma.
La
rutina informativa que nos trae la
EPA del INE, la información mensual o trimestral del EUROSTAT,
el estado del EURÍBOR, el IBEX y el índice DOW JONES, han hecho más por la
modernidad de España que todos los recursos del AEPSA puestos en el presupuesto
de un mismo año.
Aún
así, hay a quien no le quedan claros los conceptos. Mi tía Virtudes, por
ejemplo, con 89 años en sus piernas, y algunos menos en su corazón, confunde
deflación con el melón y la sandía con el fondo de garantía. Será porque el
telediario es pertinaz, siempre a la hora del postre, hablándonos de economía. ¿O será porque es sorda? Para ella la inflación es la hora del flan,
pero sin nata. A pesar de su ingenuidad, mi tía Virtudes entra en nerviosismo
postural cuando oye (es mucho decir) hablar de la bajada del PIB, que, (eso si
que lo sabe) marcará el futuro de su paguica.
Aunque
más que la crisis, son los datos de la economía sumergida (que no llego a saber
de dónde los sacan, si son sumergidos) los que alcanzan cotas insoportables
para el conjunto de la economía en España: según el colectivo de técnicos de
Hacienda, el 23% del PIB en España es economía fuera de control de la AEAT. 208.000 millones de
euros, de los cuales, 29.000 millones son andaluces, o sea, el 6.6 % del dinero
negro que circula por nuestro país. ¿Se imaginan lo que significaría para la
economía estatal recuperar la mitad, como mínimo, de ese fraude? Teniendo en cuenta que subimos uno o dos
puntos al año, recuperar más de diez de una tacada, serían muchos hospitales y
muchos colegios a estrenar. Autovías y
ferrovías, de ancho internacional, también entrarían en la cuenta.
Además,
en nuestra lucha por parecernos mucho a Europa, nos acercaríamos a la media
europea de engaño fiscal, que no es un consuelo menor. Por eso, estoy convencido de que si el
Gobierno consiguiese que los datos del fraude menguaran, la crisis sería menos
crisis. Y mi tía Virtudes estaría más
tranquila
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