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Los medios de comunicación les reclaman información y datos, para explicar a la sociedad a la que sirven, si es posible y con adivinada exactitud, el rumbo futuro del bolsillo familiar en todas sus claves posibles.Pero, entre los medidores empíricos de una crisis, aún no se encuentran aquellas situaciones que explican cómo de canutas la están pasando algunos, que, sin empleo, no encuentran nada que echarse a la boca.
Ese indicador podría ser el de los “comegatos”. Unos lituanos de Albuñol que mantienen la musculatura alimentada gracias a lo que cazan, y de hecho, gato que pillan, a la parrilla que va, o no, dado que, al parecer, hay quien jura y perjura haberlos visto comérselos sin
previo paso por la lumbre.
Dicen que en Albuñol, no se oye ni miau, porque si hay un lituano cerca del gemido, es muy posible que el autor de la onomatopeya, acabe abierto en canal en las ascuas de cualquier improvisada barbacoa.
Noticias como ésta, en Granada, indican hasta que punto la crisis está afectando a los menos pudientes, que, para comer, echan el lazo como pueden a lo que se mueva, aunque sea un minino.
Hubo un político socialista que alardeaba de la buena situación económica tras el primer gobierno de Zapatero, explicando por escrito un dato para él significativo: el aumento del número de matriculaciones de camiones. Digo yo que, ahora, para explicar lo contrario, también podríamos enumerar la cantidad de gatos que, asados o crudos, han caído en Albuñol, por las necesidades gastronómicas de éstos parados y la falta de un empleo con que poder abastecerlas. No será muy científico, pero como ejemplo gráfico de la crisis si que sirve.
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