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Y vendrán las oscuras golondrinas, con su triste volotear desde el otoño hacia la blanca madurez de la nieve y su frío invierno, abanicando las aulas prefabricadas con las que la Consejería de Educación sigue castigando a los educandos de nuestra Granada. Y quedarán vestigios de su ineducación, y hallarán cifras de su distancia con la media europea, pero les dará igual, ese tema no es de su memoria, ni de sus desenterramientos.
Seguirán desempolvando vestigios de duda sobre si Franco ha muerto o no, les quedará el odio en su botella, hasta que reviente el corcho que lo tapa por la rabia amagada; y esa rabia, entonces viva, ahora aviesa, permanecerá oculta mientras ven cómo un comedor escolar ha de ser sustituido por un aula para educandos infantiles, desvistiendo un santo, inocente, para vestir al otro, necesario.
Les quemarán las manos al viento de Bibataubín, pero no les pringará el aceite resinoso que desprenden algunos muebles antiguos de las aulas que han de compartir entre alumnos cuya ratio no es de su mundo, aunque les salve la vergüenza profesional de los educadores, que no se prestan sino a cumplir con su aventura profesional de aquí hasta la primavera que viene.
Intentarán propagar al viento su creencia secular en el “imásdemási” de todos los santos, pero los profesores, que saben de las carencias de cada día, profesionales abandonados a su suerte, habrán de cerrar un laboratorio para ampliar el aulario que permita más espacio a los que aprenden y enseñan.
Insisten en culparnos a todos por no afiliarnos a su estilo antiguo y rencoroso, más vinculado al pasado que no queremos que se repita, que al futuro de los que hoy queremos vivir en paz, y educarnos con mejores infraestructuras escolares, sin que falten aulas, ni calefacción, ni higiene, ni libros, ni bibliotecas, ni laboratorios, ni ordenadores.
Revolotearán las oscuras golondrinas del fracaso escolar, las que cada año, por estas fechas, portean los mismos problemas del año anterior. Y, para mayo, PISA y sus datos volverán a sacarnos los colores de la vergüenza, y a ponernos en la cola de Europa, junto a Grecia y Portugal. Triste destino, para tanta memoria, y tan mala educación.
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