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Podríamos definir la benzalmanía como la compulsiva e intensiva forma de hacer oposición del actual Delegado de Cultura
de la Junta de Andalucía, para intentar quedar bien con los jefes que le protegen, inmiscuido como está en esa guerra por encargo contra el alcalde de Granada, y su presunto descuido de la labor de ornato y mantenimiento del patrimonio histórico artístico de la ciudad.
Si el Sr. Benzal utilizase en Baza el 30% de la energía opositora que gasta contra Pepe Torres, al patrimonio histórico bastetano le cantaría otro gallo, y la benzalmanía quedaría más atenuada también. Hasta ahora, el cante de Benzal en Baza, como el del alcalde, es el del silencio, aunque no se ruede, porque gobiernan los suyos. De los sonidos del José Guerrero, tampoco escuchamos el eco de la crítica entre los benzalmaníacos cotidianos de la Delegación de Cultura, que no es caso de importunar el pacto con IU.
En este caso, al alcalde orceño se le oye algo la queja, aunque bajito, pero del Sr. Benzal no se espera la misma atapuerqueña alabanza sobre los hallazgos de Josep Gibert, y que tanto supondrían para el estímulo económico de la zona.
Si la benzalmanía tornara sus obsesiones hacia las necesidades de Granada en su conjunto, hasta yo las alabaría. Mientras tanto, esa manía del Sr. Benzal será reprochable, al menos por quien esto suscribe, porque solo tiene una dirección concreta. Y además, por encargo.
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