Mar142009
10:36:22
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EL PEZZIOMETRO
El nivel de acumulación de promesas incumplidas por parte del PSOE, debería de tener un instrumento de medida que sea empíricamente justificable, electoralmente considerable y que, al mismo tiempo, pueda servir para indicar la temperatura del clima electoral en la fecha de su uso, cuando, ora Pezzi, ora cualquier otro socialista, prometan ante la opinión pública con descaro y sin rubor alguno sus argucias electoreras para aumentar el germen propio en el interior de la urna convocada. A ese instrumento se me ocurre que podríamos denominarle el pezziómetro, en honor de quién tan significativamente contribuye a diario a popularizar dicho invento.
No es necesario hacer comparaciones que siempre son odiosas, pero si D. Ferdinand Von Zeppelin puso su apellido al cacharro volador del mismo nombre, Rudolf Diesel armó el taco con el motor de calor o Louis Braille dio nombre al sistema de lectura para ciegos, no vamos a desmerecer a D. Manuel Pezzi, ilustre y con lustre diputado socialista, que cada campaña electoral mediante, o incluso no mediante, pone a funcionar la máquina de las promesas electoreras, de cuyo incumplimiento, por cierto, siempre tiene la culpa la derecha “irresponsable” y “carroñera”, aunque el pezziómetro les delate.
Es momento ahora de cargar la batería del aparato y ponerlo a medir la tensión provocada por el exsenador, exparlamentario andaluz, exconsejero de Chaves y exconcejal Pezzi, y conocer el nivel de sonrojo que provoca en sí mismo o en su partido el hecho de decir en diciembre, refiriéndose a la A44 que: “…los trabajos cumplen el ritmo previsto. La vía podría estar terminada entre dos y tres meses”, para decir hoy, 12 de marzo, superada ya holgadamente la promesa anterior que: “con las fechas hay que tener cuidado y respeto a los ciudadanos” o ésta otra: “de nada vale lo que los políticos digamos cuando nos gustaría que terminaran las cosas porque éstas terminan cuando están acabadas”. Es decir, lo uno, lo contrario y perogrullo también.
El pezziómetro es el medidor inteligente del momento político, cuando en un ardid sin precedentes, cazó al inventor que le da nombre prometiendo para Baza y su comarca la alta velocidad, cuando en realidad, serán mercancías de aves o pollos lo máximo que aspiraría transportar la hipotética inversión ferroviaria en el Altiplano que, probablemente, nunca se hará.
Aunque la evidencia medida por pezziómetro deja claro el escaso nivel de sonrojo del diputado socialista, siempre habrá un recurso basado en la poca capacidad de memoria del aparato medidor, dispuesto a no querer grabar su culpa ante la sociedad, sino extraer la consecuencia con la que siempre concluye sus peroratas: la culpa es de la derecha cavernícola que no arrima el hombro.
Hasta en eso se equivocan. Es por arrimarnos tanto al tajo, al día a día de los problemas de la gente por lo que están dispuestos a evitarnos, apartarnos y a obviarnos. En el PP somos como el pezziómetro: el medidor de sus mentiras.
No es necesario hacer comparaciones que siempre son odiosas, pero si D. Ferdinand Von Zeppelin puso su apellido al cacharro volador del mismo nombre, Rudolf Diesel armó el taco con el motor de calor o Louis Braille dio nombre al sistema de lectura para ciegos, no vamos a desmerecer a D. Manuel Pezzi, ilustre y con lustre diputado socialista, que cada campaña electoral mediante, o incluso no mediante, pone a funcionar la máquina de las promesas electoreras, de cuyo incumplimiento, por cierto, siempre tiene la culpa la derecha “irresponsable” y “carroñera”, aunque el pezziómetro les delate.
Es momento ahora de cargar la batería del aparato y ponerlo a medir la tensión provocada por el exsenador, exparlamentario andaluz, exconsejero de Chaves y exconcejal Pezzi, y conocer el nivel de sonrojo que provoca en sí mismo o en su partido el hecho de decir en diciembre, refiriéndose a la A44 que: “…los trabajos cumplen el ritmo previsto. La vía podría estar terminada entre dos y tres meses”, para decir hoy, 12 de marzo, superada ya holgadamente la promesa anterior que: “con las fechas hay que tener cuidado y respeto a los ciudadanos” o ésta otra: “de nada vale lo que los políticos digamos cuando nos gustaría que terminaran las cosas porque éstas terminan cuando están acabadas”. Es decir, lo uno, lo contrario y perogrullo también.
El pezziómetro es el medidor inteligente del momento político, cuando en un ardid sin precedentes, cazó al inventor que le da nombre prometiendo para Baza y su comarca la alta velocidad, cuando en realidad, serán mercancías de aves o pollos lo máximo que aspiraría transportar la hipotética inversión ferroviaria en el Altiplano que, probablemente, nunca se hará.
Aunque la evidencia medida por pezziómetro deja claro el escaso nivel de sonrojo del diputado socialista, siempre habrá un recurso basado en la poca capacidad de memoria del aparato medidor, dispuesto a no querer grabar su culpa ante la sociedad, sino extraer la consecuencia con la que siempre concluye sus peroratas: la culpa es de la derecha cavernícola que no arrima el hombro.
Hasta en eso se equivocan. Es por arrimarnos tanto al tajo, al día a día de los problemas de la gente por lo que están dispuestos a evitarnos, apartarnos y a obviarnos. En el PP somos como el pezziómetro: el medidor de sus mentiras.
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