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Sentenciaba
Oscar Wilde que la experiencia es el nombre que damos a nuestras
equivocaciones. Si algo ha demostrado el pacto entre socialistas y populares por
CAJAGRANADA es que se ha tirado de experiencia para no equivocarse. No hay más
remedio que felicitar a Sebastián Pérez y a Francisco Álvarez de la Chica por la inteligente
decisión adoptada en pos de la defensa del consenso en el nombramiento de los
órganos de la Caja.
Este
acuerdo, me consta que ha supuesto un buen jarro de agua caliente a la
convivencia política entre los dos partidos mayoritarios de Granada. Si la voluntad de conveniar entre PP y PSOE
se ha puesto siempre en duda por los más agoreros, especialmente entre los que
negaban capacidad para ello al bando popular que preside Sebastián, aquí está
la palpable demostración de lo contrario, con lo que, tras el pacto, solo ha
aparecido el disgusto celoso de Izquierda Unida, y de algún que otro satélite
político más cercano a sus tesis radicales, además del de aquellos que todo lo
ven imposible.
Con
el Pacto del Saray, la sociedad granadina se procuraba consenso para gobernar la Caja, se izaba la bandera
blanca contra la confrontación política partidaria, y se adquirían compromisos para luchar por su
granadinidad. Esa paz social y
política ha jugado a favor de la obra del Sr. Claret, cuya sincera y coherente
gestión bancaria puede tildarse de esperanzadora para los clientes y para el
conjunto de la empresa. Y yo no voy a tardar más renglones en celebrarla. Quede
aquí constancia de ello.
Pero,
una vez reconocidos los méritos del primer nivel, especialmente la templanza
con la que nos ha obsequiado D. Antonio María, no estará de más compartir loas
de agradecimiento, sin ditirambos de ningún tipo, con el Vicepresidente de la Caja, Juan Ramón Ferreira,
quién, respetuoso siempre con el liderazgo protocolario del escalón superior
que ejerce Claret, ha tenido una presencia mediática más frugal, pero no por
ello menos importante. A pesar de gozar de escaso poder ejecutivo, Ferreira, ha
sido y es un pilar fundamental en la armonía y el consenso que han imperado en
Cajagranada hasta la fecha, porque con su talante y su temple constructivo se
ha podido avanzar en silencio. Sin
ruido, pero sin pausa.
Como
para la construcción del consenso tiene que haber, al menos, dos partes, sea
por siempre bendita y alabada esta renovada armonía entre PP y PSOE, ojalá que
con ánimo de extensión temporal, porque, dicho sea con solemnidad, rememorando
a Whately: solamente está exento del fracaso el que no hace esfuerzos.
Sindicación
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