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Cuando
se enfangan criticando los 96 millones de euros que el R. Madrid ha pagado al
Manchester United por el traspaso de Cristiano Ronaldo, se envuelven en la
bandera de la demagogia más recalcitrante, incitan al menoscabo de la moral de
Florentino Pérez por hacer esa operación y lo contrastan sacando pecho por sus
cualidades altruistas en estos tiempos de crisis; cualidades que, hasta ahora, eran
desconocidas en ellos por el público al que se dirigen.
Que
alguien pague ese dineral por un jugador, cuando en la bolsa no se gana, los
autónomos cierran el negocio por inviable, o el paro es suficientemente
preocupante como para que hasta Zapatero reconozca la crisis, no les parece
presentable. Como si Florentino Pérez restara
ese dinero al subsidio de desempleo, o a la inversión del metro ligero de
Granada, o a los pobres de los comedores sociales de Cáritas, que es a donde,
las diversas administraciones públicas mandan a los sin techo, sin plato o sin
ropa, para lavar su mala conciencia de
pésimos dirigentes, aunque criticar a la iglesia sea su deporte preferido.
Es
posible que de esa monstruosa inversión del R. Madrid, se beneficien más
trabajadores que de cualquier similar partida presupuestaria de la Junta o de la Diputación. Si el circulante
que pone en marcha ese capital, junto con sus correspondientes impuestos, se
estudiara a fondo, podría delimitarse hasta qué punto se convierte en una
inversión garante del empleo de muchos trabajadores, confirmado así por la Universidad de
Navarra, que para estas cuentas siempre está ágil y presta.
El
ocio, en un país con el clima de España, tiene muy buena venta. Y los que lo hacen posible, los que lo
publicitan, los que lo ejecutan y los que lo disfrutamos, hemos convertido al
fútbol en la principal de nuestras aficiones de tiempo libre, si nos guiamos
por las audiencias y los derechos televisivos que genera un espectáculo como
ese.
A
mí no me parece inmoral que una inversión privada, se financie con garantías
privadas, y se circunscriba a las cuentas privadas de una sociedad que paga
religiosamente los impuestos que legalmente procedan.
Ya
me gustaría a mí que eso fuera posible en nuestra Granada deportiva, a través
de sus clubes profesionales, los cuales no ven fin al pozo sin fondos que les
atosiga. Ora el CB, ora el Granada C.F.,
la cosa está que arde. Y entonces serán
las administraciones públicas, de nuevo, las que, con fondos públicos, hayan de
acudir en socorro de la oferta de ocio deportiva profesional de Granada. ¿Es eso más justo y menos criticable?
Sindicación
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