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Se empieza a instalar en Andalucía, a través del
histórico Puente de Triana sevillano,
esa cursilada importada por los enamorados o enamoradizos, de cerrar con
un candado el amor que les une. En esta Chauna nos vamos a permitir la libertad
de hacer un ejercicio de imaginación, elucubrando, que, además de gerundio es
gratis, sobre lo que cerraríamos con el candado, simbólicamente o no, para,
acto seguido, echar la llave al mar, o al río que a él nos conduce, aún a
expensas de que también nos llamen cursis.
En Granada, serían necesarios más candados que
palabras para asistir nuestras apetencias, pero no me negarán ustedes que un
candado, imaginario y grande, a la puerta de Cajagranada, impediría al PSOE
disponer para su juguetito político regional, a mayor gloria de sus ambiciones
partidarias, de la institución bancaria provincial más asentada entre los
granadinos, para chasco y desengaño de Griñán, Pizarro y sus acólitos
granadinos.
Echaríamos el candado a la sede del IDEA en Sevilla,
y de todos los “idea” existentes, que
los habrá, para que no acojan más “Loperas”
que, envalentonados por “su polla”, y por el carné del partido que les ampara,
hagan de su capa un sayo, vistan la realidad con sus testículos y avasallen a
la plebeya laboral que vive de los
mil euros al mes, salario que no incluye
obligación alguna de soportar a tanto “machote”
agraciado genitalmente e indultado por el régimen socialí.
Otro candado más, simbólico él, sin esperar a
acontecimientos planetarios futuros, tendría que ir a cerrar la propaganda
mentirosa de este Gobierno del “pensamiento Alicia”, por mentir descaradamente
al informar de un subsidio para los parados de España, olvidando significar que
los españoles parados antes del uno de agosto no merecerían tal dádiva. La estafa política asomó su patita por debajo
de la puerta de los despachos de Moncloa.
Con un candado universal, cierre hermético y con
llave de un solo uso, cerraríamos también esa acuciante manía de ésta
izquierda, según la cual, su verdad es la absoluta, mientras que la de los
demás siempre es relativa. Atenerse a ese criterio absolutista de sus
ideologizantes e histéricas diatribas contra el rival, suponen un aburrimiento
cotidiano, solo comparable al que producen los mosquitos comunes en las noches
de Carchuna, y que les impide reconocer que sus errores no vienen en el AVE, ni
circulan por la A7,
simplemente, porque, a pesar de haber sido prometidas, no están aún a nuestro
servicio.
Al final, ya me lo temía yo, nos faltarán candados.
Sindicación
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